miércoles, 23 de mayo de 2012

LLEGA LA PRIMAVERA A ASTURIAS

En el mes de marzo, después de las elecciones asturianas, publiqué este artículo. Creo que hoy es un buen día para recordarlo:

   Cambia la luz. Llega la primavera a Asturias y nos envuelve la alegría. En las calles, aparecen brazos desnudos, piernas al aire. Volvemos a vestir colores vivos, a sentarnos plácidamente en las terrazas al sol, perezosos como gatos. Algunos árboles siguen desnudos, pero no nos importa: queremos celebrar los primeros brotes verdes, aunque sea a destiempo. Nos cansan ya la oscuridad, la crisis, la incertidumbre y saboreamos lo que tenemos: este rayo de luz, el sabor del primer café, la sonrisa de nuestra gente. Lo decía Bertolt Brecht en el exilio: “En los tiempos sombríos, / ¿se cantará también? / También se cantará / sobre los tiempos sombríos.”
   Llega la primavera y Asturias, por sorpresa, ha vivido unas nuevas elecciones. Se cierran las urnas y comienzan los tópicos, lugares comunes que nos repetimos unas personas a otras, que desgranamos en público y en privado. Así, decimos que el electorado siempre acierta –que le pregunten, ya que estamos, a Brecht–; que la grandeza de la democracia explica que un partido bisagra con un par de representantes en las Cortes pueda tener más poder de decisión y capacidad para aplicar su programa que otro con siete o con diecisiete; también se explica, apelando a la mística de la democracia, que un partido perdedor pueda acabar gobernando; o que la abstención gane las elecciones, pero no gobierne...
   Porque estos días hablamos también de la elevada abstención como síntoma de que algo falla en el sistema y de que hay que reflexionar sobre el hartazgo o la indiferencia que la provocan. Pero enunciamos el problema, nada más. La escueta realidad es que no tenemos respuestas, quizá porque ni acertamos con las preguntas correctas.
   Decimos que así funciona la democracia, pero más bien parece que así es como falla; afirmamos que estamos interpretando al electorado, pero es una prerrogativa que no otorgamos con la papeleta. Infantilizamos el mensaje y confundimos a propósito: no hay una Democracia intocable y con mayúsculas, hay funcionamientos democráticos mejores y peores. Confundimos la democracia con la organización de la democracia; el ideal general con la regulación particular; el modelo político con su traslación imperfecta a nuestro ordenamiento jurídico.
   El filósofo Ramón Vargas-Machuca estudia desde hace años los indicadores de calidad de la democracias y propone el desarrollo de un baremo estándar y homologado para evaluarlas. Es un camino, mejor en cualquier caso que las lamentaciones vagas y repetidas tras cada cita electoral: sometamos nuestra democracia a examen y, como cualquier estudiante, a aplicarse donde más falta haga. Pero tenemos tantos problemas graves y urgentes que para solucionar este nunca hay prisa, es cierto, aunque tampoco hay tiempo.
   Pensamientos de sobremesa en este tiempo de espera y, por tanto, de esperanza; después de un largo y sombrío invierno, llega la primavera a Asturias.

2 comentarios:

  1. Hola, Consuelo. Bienvenida al mundo blog.

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  2. Para felicitarte por el nacimiento de tu blog, te regalo el tango que compartimos los que vivimos con "el corazón mirando al sur" (y la esperanza mirando hacia el verano!).

    Nací en un barrio donde el lujo fue un albur,
    por eso tengo el corazón mirando al sur.
    Mi viejo fue una abeja en la colmena,
    las manos limpias, el alma buena.
    Y en esa infancia, la templanza me forjó,
    después la vida mil caminos me tendió
    y supe del magnate del tahur,
    por eso tengo el corazón mirando al sur.

    Mi barrio fue una planta de jazmín,
    la sombra de mi vieja en el jardín,
    la dulce fiesta de las cosas más sencillas
    y la paz en la granilla de cara al sol...
    Mi barrio fue mi gente que no está
    las cosas que ya nunca volverán
    si desde el día que me fui, con la emoción y con la cruz
    yo sé que tengo el corazón mirando al sur

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