¿Qué tienen en común el deporte -el alto mundo del deporte- y el aborto? Que es cosa de hombres. Los resultados de estos juegos olímpicos en España -más medallas femeninas a pesar de tener ellas menos apoyo institucional, menos reconocimiento público, menos patrocinios, menos oportunidades y menos opciones y presencia en las federaciones- han hecho reflexionar y espero que ayuden u obliguen a bastantes cambios. Pero en los ámbitos de decisión siguen sentándose hombres poderosos a los que el deporte femenino les parece una concesión: existe el Deporte -sin adjetivos, que es el de los hombres- y después hay también un deporte femenino...
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| Medallistas olímpicas Londres 2012 |
Dos artículos sobre estos asuntos.
ES COSA DE HOMBRES
Quién lo diría, pero el fútbol, igual que el coñac Soberano de los
años 60, todavía “es cosa de hombres”.
Hay muchas mujeres en las gradas, sí, y entre los niños que salen
al campo de la mano de los futbolistas hay cada vez más niñas. Pero estas
chicas son una presencia testimonial y, como jugadoras, apenas existen. A la
hora de la verdad, para la inmovilista y poderosa federación de fútbol, para
las instituciones españolas, para los patrocinios o los medios de comunicación,
el deporte estrella es, sobre todo y ante todo, cosa de hombres.
Basta comprobar cómo la selección española o los grandes partidos
de la Liga vacían las carreteras o los cines en la misma proporción en que
llenan los informativos o los diarios, mientras que la selección de mujeres nos
pasa inadvertida; basta comparar los presupuestos anuales de cualquier modesto
club masculino de regional con los de los equipos de primera división femenina,
que sobreviven con menos de la décima parte pese a estar en lo más alto de su
categoría.
Es cierto que hay grandes intereses económicos, que el fútbol
masculino mueve masas y el femenino no y, por eso, ellos se pueden permitir
grandes sueldos, patrocinios y cobertura mediática. Pero también, como en el
huevo y la gallina, puede pensarse al revés: ese deporte de hombres interesa a
todo el mundo porque machaconamente se le da cobertura pública y, en
consecuencia, acaba gustando y generando negocio.
Sara Carbonero es un ejemplo más, peculiar y quizá no el más
representativo. Es cierto, por una parte, que rentabiliza ventajosamente su
situación personal, pero también lo es que actúa en un sector donde las
profesionales –sean médicas deportivas o periodistas- son minoría y lo tienen
difícil. Repasemos: en el Mundial de Sudáfrica era una entre los miles de
reporteros que sus empresas enviaron a cubrir los partidos; su novio, Iker
Casillas, era uno de los tres porteros –y el titular- de la selección española.
La Roja comenzó mal y se lanzó el anatema contra la novia culpable, reclamando
que abandonara su puesto y volviera a España porque –hay que tener valor para
atreverse a decir algo así en el siglo XXI- “desconcentraba” a su chico. Un
amigo, con mucho sentido común, me confesaba no entenderlo: los dos estaban
allí trabajando y nadie se cuestionaba la concentración de la periodista. Si el
que fallaba era él y no podía centrarse en su bien pagada labor, pues que lo
sustituyeran y asunto resuelto.
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| Jugadoras del RCD Espanyol, ganadoras Copa de la Reina 2012 |
Para el deporte, Sara Carbonero es una intrusa que no quiere
ceñirse a un único papel preestablecido y que representa muchas cosas que una
parte de la sociedad ambiciona y a la vez teme. Por eso, como respuesta, hay un
sector rancio que incendia las redes con comentarios que la descalifican. Es un
mundo de hombres, en el que la Copa del Rey llegó a convertirse en asunto de
Estado a cuenta del himno y la pitada, mientras que a la Copa de la Reina, de
fútbol femenino, no asistió nunca la anfitriona.
CLANDESTINAS
Lo
que más siento es volver a la minoría de edad. Y mira que nos están pasando
cosas; más que pasar, nos azotan al paso, nos flagelan las espaldas y son como
una escalera de penitencia cuyos peldaños ascendemos, de rodillas, viernes a
viernes. No son palos de ciego, como a veces podemos pensar. Son golpes muy
inteligentes y certeros contra las clases medias y populares.
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| El Ministro Gallardón, visto desde la revista satírica El Jueves |
El
ministro de Justicia anuncia ahora una reforma de la ley del aborto que nos
situaría a la cola de Europa; que nos hará volver a la época de la
clandestinidad: si tienes medios, abortas en el extranjero; si no los tienes –y
cada vez más gente no los tiene- te arreglas con una aguja de tejer porque, lo
que los datos históricos demuestran, es que el aborto se practica aunque la
legislación lo prohíba; una reforma que condenará a sufrimientos inhumanos a
bebés que nazcan con malformaciones gravísimas y también a sus familias –y
recordemos que esas familias se están viendo privadas cada vez más de apoyos
sanitarios y sociales, recorte tras recorte-.
El ministro
confunde el ámbito de sus convicciones personales –respetables, si es que son
coherentes con las que hace públicas- y el de la legislación aplicable a todos
los españoles y españolas: no estaría bien que un ministro preocupado por la
superpoblación nos obligara a abortar, ni que otro nos quiera obligar a tener
hijos. Llevar a término un embarazo, con o sin malformaciones del feto, es una
cuestión trascendental y, sea cual sea la decisión, se ha de vivir con ella
toda la vida. Por eso ha de ser necesariamente una decisión personal, no
estatal. Así de simple y así de duro, difícil y doloroso a veces para las
mujeres y las familias.
Pero de manera
perversa, este ministro enreda los argumentos y afirma que hay “una violencia
de género estructural contra la mujer” que muchas veces le impide “ejercer su
derecho por excelencia a ser madre” y que nos quiere ayudar a realizarnos sin
trabas. Se ve que, hasta que él llegó, no éramos capaces de decidir en
libertad. Volvemos a ser inmaduras, irresponsables, a necesitar que alguien,
desde arriba, decida por nosotras. Alguien que quiere convertir ese derecho a
ser madres del que nos habla en la obligación de serlo: es lo que nos conviene
y él lo sabe. Y frente a esa convicción, frente a la fe del fundamentalista, ya
no hay razonamiento posible. Sabe que seguirá habiendo abortos, pero en resumen
nos dice: la ley llegará hasta aquí; el resto, te lo pagas.



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