sábado, 25 de agosto de 2012

ABORTO Y DEPORTE: ES COSA DE HOMBRES

                        

   ¿Qué tienen en común el deporte -el alto mundo del deporte- y el aborto? Que es cosa de hombres. Los resultados de estos juegos olímpicos en España -más medallas femeninas a pesar de tener ellas menos apoyo institucional, menos reconocimiento público, menos patrocinios, menos oportunidades y menos opciones y presencia en las federaciones- han hecho reflexionar y espero que ayuden u obliguen a bastantes cambios. Pero en los ámbitos de decisión siguen sentándose hombres poderosos a los que el deporte femenino les parece una concesión: existe el Deporte -sin adjetivos, que es el de los hombres- y después hay también un deporte femenino...
Medallistas olímpicas Londres 2012

   Y, respecto al aborto, qué podemos decir: desde la jerarquía de la iglesía católica -exclusivamente masculina- a nuestro actual ministro de Justicia, siempre hay algún varón dispuesto a decidir por nosotras.

   Dos artículos sobre estos asuntos.



ES COSA DE HOMBRES

   Quién lo diría, pero el fútbol, igual que el coñac Soberano de los años 60, todavía “es cosa de hombres”.

   Hay muchas mujeres en las gradas, sí, y entre los niños que salen al campo de la mano de los futbolistas hay cada vez más niñas. Pero estas chicas son una presencia testimonial y, como jugadoras, apenas existen. A la hora de la verdad, para la inmovilista y poderosa federación de fútbol, para las instituciones españolas, para los patrocinios o los medios de comunicación, el deporte estrella es, sobre todo y ante todo, cosa de hombres.

   Basta comprobar cómo la selección española o los grandes partidos de la Liga vacían las carreteras o los cines en la misma proporción en que llenan los informativos o los diarios, mientras que la selección de mujeres nos pasa inadvertida; basta comparar los presupuestos anuales de cualquier modesto club masculino de regional con los de los equipos de primera división femenina, que sobreviven con menos de la décima parte pese a estar en lo más alto de su categoría.

   Es cierto que hay grandes intereses económicos, que el fútbol masculino mueve masas y el femenino no y, por eso, ellos se pueden permitir grandes sueldos, patrocinios y cobertura mediática. Pero también, como en el huevo y la gallina, puede pensarse al revés: ese deporte de hombres interesa a todo el mundo porque machaconamente se le da cobertura pública y, en consecuencia, acaba gustando y generando negocio.

   Sara Carbonero es un ejemplo más, peculiar y quizá no el más representativo. Es cierto, por una parte, que rentabiliza ventajosamente su situación personal, pero también lo es que actúa en un sector donde las profesionales –sean médicas deportivas o periodistas- son minoría y lo tienen difícil. Repasemos: en el Mundial de Sudáfrica era una entre los miles de reporteros que sus empresas enviaron a cubrir los partidos; su novio, Iker Casillas, era uno de los tres porteros –y el titular- de la selección española. La Roja comenzó mal y se lanzó el anatema contra la novia culpable, reclamando que abandonara su puesto y volviera a España porque –hay que tener valor para atreverse a decir algo así en el siglo XXI- “desconcentraba” a su chico. Un amigo, con mucho sentido común, me confesaba no entenderlo: los dos estaban allí trabajando y nadie se cuestionaba la concentración de la periodista. Si el que fallaba era él y no podía centrarse en su bien pagada labor, pues que lo sustituyeran y asunto resuelto.

Jugadoras del RCD Espanyol, ganadoras Copa de la Reina 2012
   Ganó España y, dos años después, nos jugamos la Eurocopa. Nadie puede sostener ya, vistos los resultados del Mundial, que Carbonero distrae al capitán, pero el españolito miserable que muchos llevan dentro algo tiene que decir; le cuesta digerir a Sara Carbonero, porque es una chica guapa a rabiar, inteligente y triunfadora. Porque es la novia del mejor portero del mundo, un chaval de Móstoles con aire de buen rapaz. Porque, en vez de contentarse con promocionarse como modelo o como esposa y madre, igual que otras mujeres de futbolistas, se empeña en cultivar su carrera de periodista a la vez que mantiene un alto perfil público.

   Para el deporte, Sara Carbonero es una intrusa que no quiere ceñirse a un único papel preestablecido y que representa muchas cosas que una parte de la sociedad ambiciona y a la vez teme. Por eso, como respuesta, hay un sector rancio que incendia las redes con comentarios que la descalifican. Es un mundo de hombres, en el que la Copa del Rey llegó a convertirse en asunto de Estado a cuenta del himno y la pitada, mientras que a la Copa de la Reina, de fútbol femenino, no asistió nunca la anfitriona.





CLANDESTINAS


   Lo que más siento es volver a la minoría de edad. Y mira que nos están pasando cosas; más que pasar, nos azotan al paso, nos flagelan las espaldas y son como una escalera de penitencia cuyos peldaños ascendemos, de rodillas, viernes a viernes. No son palos de ciego, como a veces podemos pensar. Son golpes muy inteligentes y certeros contra las clases medias y populares.

El Ministro Gallardón,
visto desde la revista satírica El Jueves
   Pero con todo, decía, lo que más siento es volver a la minoría de edad. Hace ya muchos años que las mujeres españolas conseguimos que se nos reconociera plena capacidad jurídica. Así dicho no parece gran cosa, pero alcanzar ese reconocimiento legal nos costó siglos, no bastó con 18 años: la mayor parte de las asturianas nacimos en un país donde esa potestad le correspondía al padre o al marido. Donde sólo había jueces –la ley no permitía que hubiera juezas- o ministros. Y donde el argumento último e hipócrita que justificaba esa situación era, en definitiva, que se hacía por nuestro bien: reinas del hogar para que no tengamos que enfrentarnos al duro mundo; incapaces de saber lo que nos conviene a la hora de gestionar nuestros bienes, nuestras propiedades o nuestro estilo de vida. Menores de edad, en definitiva, para decidir.

   El ministro de Justicia anuncia ahora una reforma de la ley del aborto que nos situaría a la cola de Europa; que nos hará volver a la época de la clandestinidad: si tienes medios, abortas en el extranjero; si no los tienes –y cada vez más gente no los tiene- te arreglas con una aguja de tejer porque, lo que los datos históricos demuestran, es que el aborto se practica aunque la legislación lo prohíba; una reforma que condenará a sufrimientos inhumanos a bebés que nazcan con malformaciones gravísimas y también a sus familias –y recordemos que esas familias se están viendo privadas cada vez más de apoyos sanitarios y sociales, recorte tras recorte-.

   El ministro confunde el ámbito de sus convicciones personales –respetables, si es que son coherentes con las que hace públicas- y el de la legislación aplicable a todos los españoles y españolas: no estaría bien que un ministro preocupado por la superpoblación nos obligara a abortar, ni que otro nos quiera obligar a tener hijos. Llevar a término un embarazo, con o sin malformaciones del feto, es una cuestión trascendental y, sea cual sea la decisión, se ha de vivir con ella toda la vida. Por eso ha de ser necesariamente una decisión personal, no estatal. Así de simple y así de duro, difícil y doloroso a veces para las mujeres y las familias.

    Pero de manera perversa, este ministro enreda los argumentos y afirma que hay “una violencia de género estructural contra la mujer” que muchas veces le impide “ejercer su derecho por excelencia a ser madre” y que nos quiere ayudar a realizarnos sin trabas. Se ve que, hasta que él llegó, no éramos capaces de decidir en libertad. Volvemos a ser inmaduras, irresponsables, a necesitar que alguien, desde arriba, decida por nosotras. Alguien que quiere convertir ese derecho a ser madres del que nos habla en la obligación de serlo: es lo que nos conviene y él lo sabe. Y frente a esa convicción, frente a la fe del fundamentalista, ya no hay razonamiento posible. Sabe que seguirá habiendo abortos, pero en resumen nos dice: la ley llegará hasta aquí; el resto, te lo pagas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario