No voy a
comentar siquiera el hecho de que, entre los 26 premiados con el Príncipe de
Asturias de los Deportes, sólo haya 5 mujeres. La Fundación no es responsable
de estos “resultados deportivos”, pero sí el Jurado –los hombres y las mujeres
que lo componen- y debería dedicar
unos minutos a estos datos y compararlos, por ejemplo, con los obtenidos por
España en las últimas olimpiadas: 11 medallas de las deportistas frente a las 6
de sus compañeros. No parece que haya una correspondencia, ni un mínimo
equilibrio, entre los resultados reales –las competiciones- y el reconocimiento
y prestigio social –los diversos premios o los contratos millonarios-.
Es ya un lugar
común reconocer la buena labor de la Fundación Príncipe de Asturias. Como
asturiana y ciudadana de Oviedo, me gusta todo lo que nos aporta en proyección,
visibilidad y renombre internacionales. De hecho, estos premios alcanzaron tal
prestigio que podrían ya atreverse a galardonar a personas valiosas por sí mismas,
sean o no famosas o mediáticas. Un proyecto que nace no se consagra con
premiados anónimos, por más solventes que sean, incapaces de congregar
alrededor a más de un fotógrafo; pero los Premios Príncipe ya han pasado ese
momento inicial y, si bien no tienen que apostar por nombres de bajo perfil
público –ni mucho menos, seamos realistas-, sí que han de eludir el recurso
fácil a la popularidad.
El Premio de los
Deportes ejemplifica a la perfección estos riesgos. Porque a menudo reconoce a
los ya archirreconocidos –los hombres más famosos- o porque se deja arrastrar
por la pasión de la última competición y elige a deportistas –como ocurrió con
Alonso en 2005- en un momento de gloria, pero no en uno de madurez o
trayectoria consolidada. Y, para intentar arreglarlo, en 2007 recae el galardón
en Schumacher, este sí el rey y heptacampeón de la Fómula I, con lo que el
resultado es mucho coche en poco tiempo, por una parte, y numerosas disciplinas deportivas
ausentes, por la otra.
En fin, que en
2010 la selección española de fútbol recibió el Premio Príncipe de los Deportes
y ya acudieron Casillas y Xavi al teatro Campoamor, así que la noticia de este
año parece un “deja vu”. ¿Por qué les hacen ese dudoso favor a ellos y no, por
ejemplo, a Puyol y Raul, también de equipos rivales? ¿O a Villa, Cazorla y
Mata, asturianos los tres? ¿O a Cristiano Ronaldo, que está triste? Si Casillas
y Xavi son sensatos, y lo parecen, pensarán que este premio es inoportuno y que
casi les resta más que les suma.
Me gusta el
deporte, admiro a Alonso, Casillas y Xavi. Pero no hay que abusar y, sobre
todo, no hay que pasarse tanto con el fútbol. Dice John Carlin que es algo
grande y se disfruta más de un buen partido que de casi cualquier otra cosa en
la vida, y mucha gente estará de acuerdo. Pero hay muchos deportes y muchas
deportistas en los que el Jurado debería pensar antes de repetir y conceder,
por segunda vez, el mismo premio a los mismos jugadores.

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