viernes, 21 de septiembre de 2012

UN PREMIO REPETIDO


   No voy a comentar siquiera el hecho de que, entre los 26 premiados con el Príncipe de Asturias de los Deportes, sólo haya 5 mujeres. La Fundación no es responsable de estos “resultados deportivos”, pero sí el Jurado –los hombres y las mujeres que lo componen-  y debería dedicar unos minutos a estos datos y compararlos, por ejemplo, con los obtenidos por España en las últimas olimpiadas: 11 medallas de las deportistas frente a las 6 de sus compañeros. No parece que haya una correspondencia, ni un mínimo equilibrio, entre los resultados reales –las competiciones- y el reconocimiento y prestigio social –los diversos premios o los contratos millonarios-.

   Es ya un lugar común reconocer la buena labor de la Fundación Príncipe de Asturias. Como asturiana y ciudadana de Oviedo, me gusta todo lo que nos aporta en proyección, visibilidad y renombre internacionales. De hecho, estos premios alcanzaron tal prestigio que podrían ya atreverse a galardonar a personas valiosas por sí mismas, sean o no famosas o mediáticas. Un proyecto que nace no se consagra con premiados anónimos, por más solventes que sean, incapaces de congregar alrededor a más de un fotógrafo; pero los Premios Príncipe ya han pasado ese momento inicial y, si bien no tienen que apostar por nombres de bajo perfil público –ni mucho menos, seamos realistas-, sí que han de eludir el recurso fácil a la popularidad.

   El Premio de los Deportes ejemplifica a la perfección estos riesgos. Porque a menudo reconoce a los ya archirreconocidos –los hombres más famosos- o porque se deja arrastrar por la pasión de la última competición y elige a deportistas –como ocurrió con Alonso en 2005- en un momento de gloria, pero no en uno de madurez o trayectoria consolidada. Y, para intentar arreglarlo, en 2007 recae el galardón en Schumacher, este sí el rey y heptacampeón de la Fómula I, con lo que el resultado es mucho coche en poco tiempo, por una parte,  y numerosas disciplinas deportivas ausentes, por la otra.

   En fin, que en 2010 la selección española de fútbol recibió el Premio Príncipe de los Deportes y ya acudieron Casillas y Xavi al teatro Campoamor, así que la noticia de este año parece un “deja vu”. ¿Por qué les hacen ese dudoso favor a ellos y no, por ejemplo, a Puyol y Raul, también de equipos rivales? ¿O a Villa, Cazorla y Mata, asturianos los tres? ¿O a Cristiano Ronaldo, que está triste? Si Casillas y Xavi son sensatos, y lo parecen, pensarán que este premio es inoportuno y que casi les resta más que les suma.

   Me gusta el deporte, admiro a Alonso, Casillas y Xavi. Pero no hay que abusar y, sobre todo, no hay que pasarse tanto con el fútbol. Dice John Carlin que es algo grande y se disfruta más de un buen partido que de casi cualquier otra cosa en la vida, y mucha gente estará de acuerdo. Pero hay muchos deportes y muchas deportistas en los que el Jurado debería pensar antes de repetir y conceder, por segunda vez, el mismo premio a los mismos jugadores.

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